La mantita

es noche cerrada detrás de la ventanilla mugrienta y astillada
sin luces en el vagón todo es oscuridad y olores
alguien fuma allá adelante y me parece ver
en el resplandor de cada pitada
un rostro diferente
imagino una fila de sentenciados a muerte
pasando uno tras otro a darle una última bocanada
al último cigarrillo de sus vidas para luego saltar del tren en marcha
son las dos y media de la madrugada
y el tren me aleja
a toda velocidad
de mi casa
de mi mujer
de mis hijos
durante años conservé una mantita de estampado escocés
roja
azul y verde
con la que me arropaban mis padres
en aquellos viajes interminables a Buenos Aires o a Bariloche
protegido por mi manta
me sentía invencible apoyaba la cabeza en el regazo de mi madre
y ella
acariciaba mi pelo con sus finos y delicados dedos de maestra
mientras mi padre permanecía allí
tan distante
en su extraña y dolorosa imposibilidad de acercarse a nosotros
durante años conservé esa manta como un objeto sagrado
y recuerdo la desolación y la furia que sentí cuando mi mujer
en nuestra primera mudanza
perdió la caja en la yo había puesto mi manta
envolviendo mis libros favoritos
recuerdo lo cerca que estuve de asesinarla
recuerdo la sorpresa la angustia la desilusión
reflejados en su bello rostro infantil
el miedo que chirriaba en sus ojos
como aceite hirviendo
lo vi
yo lo vi
y ya nada volvió a ser igual
yo la hubiese matado con mis propias manos
ella hubiese muerto dándome la razón
y así fue
sin haber sido
en el andén la noche es cálida y quieta y se huele en el aire
un perfume a brea y a pasto recién cortado
camino entre viejas y sólidas casas
construídas con materiales confiables y nobles
por gente de lenta y decantada sabiduría
de ancestrales y austeros gustos estéticos
incorruptibles por la envidia y la competencia
el silencio de la noche es tan intenso tan desgarrador
que siento el deseo de estar del otro lado de esas paredes milenarias
sentarme en un antiguo y fuerte sillón de agrietado cuero
acariciar y admirar la delicada perfección
de un objeto de madera y metal
escuchar en la soledad del cuarto
los pasos en la vereda de un hombre solo

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