Seis cuarenta y cinco

seis cuarenta y cinco
una multitud desciende de los trenes suburbanos
miles y miles son un solo gusano memorioso
arrastrándose por los andenes dejando tras de sí
una estela de baba fosforescente
me ato los zapatos despliego mi propia bruma portátil
levanto las solapas del impermeable enciendo un cigarrillo
patino sobre la baba rumbo a la salida
y decido que me gustan mucho las mujeres de esta ciudad
recuerdo mis llegadas a buenos aires desde el sur
cuando era un niño o cuando estaba dejando de serlo
el tren se metía en la ciudad por sobre los techos
seis treinta
la mañana se abatía
y yo miraba desde mi ventanilla a las chicas rumbo a sus colegios
solas o en grupos pequeños decididas y altaneras
por las calles de mágicos nombres
seis treinta y cinco algunas esperaban un colectivo
detrás del escudo de sus libros
apretando frotando sus pechos de bruma
dormidas aburridas soberbias robotizadas
pálidas inalcanzables
misteriosas muchachas de la ciudad de la furia
seis treinta y ocho
seis treinta y nueve
desde mi cambiante posición privilegiada
las atrapaba por unos segundos
en cada calle cada esquina
hasta en sus patios los zaguanes los baños las camas
guardapolvos blancos uniformes azules rojos grises
las enhebraba una a una como perlas
profundas en un hilo debilucho inexperto miedoso
que se cortaba siempre seis cuarenta y uno
seis cuarenta y dos
entrando a la estación
y rodaban a mis pies
ellas entre los puchos las migas las cáscaras el diario la yerba
en ocasiones
cuando conozco a una mujer de esta especie
pregunto siempre
a qué colegio iba señora?
iba de mañana o de tarde?
con que de mañana muy bien
recuerda a qué hora salía usted rumbo al colegio?
y dígame
cuando caminaba por las calles
o esperaba el colectivo
o a su padre mientras sacaba el auto del garage
alguna vez se cruzó con el tren que venía desde el sur?
alguna vez miró usted hacia el tren que venía desde el sur?
me refiero al tren de las seis cuarenta y cinco
ese tren
me pregunto
se habrán cruzado nuestras miradas
usted ahí y yo aquí
en el tren que llega desde el sur?
pobres
me miran sorprendidas o asustadas
o esperanzadas quién sabe
nunca enojadas
se ríen yéndose
o se quedan riéndose
y en este caso
sólo puede uno cambiar de tema
para llevarlas con urgencia a la cama
y creer que sí
que esa mujer esperaba todas las mañanas
cruzarse con el tren que llegaba desde el sur
mi tren de las seis cuarenta y cinco

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